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Santiago,
07 de septiembre de 2017.

Queridas familias y miembros de la comunidad altamirana:

Ante el sensible hecho recientemente dado a conocer por los medios
de comunicación, el suicidio de un estudiante de un colegio de la comuna de
Vitacura, les escribimos desde el impacto, la solidaridad y la imperiosa
necesidad de mirar este fenómeno complejo, que hoy se nos hace más visible
debido a esta dolorosa tragedia. 

En primer lugar, nos parece importante mantener el resguardo y
discreción respecto de la identidad del malogrado joven y su familia. En este
momento de dolor inconmensurable, acogemos el pedido hecho por sus compañeros y
compañeras, quienes ruegan se respete su duelo y la dignidad del joven
fallecido. 

Lo que sí queremos hacer es abrir la conversación entre nosotros y
nosotras, querida comunidad altamirana. Este desgraciado hecho nos devela la
importancia de las responsabilidades sociales, parentales y educativas ante la
compleja problemática que atraviesa nuestra sociedad ante aquellos consumos que
muchas veces persiguen reemplazar afectos y sentidos de vida. Somos uno de los
países con los más altos índices de ingesta de alcohol, especialmente en
jóvenes; uno de los primeros en el ranking de uso adolescente de marihuana; un
país en donde los jóvenes tienen cada vez más a la mano el acceso a sustancias muy
dañina,  sin medir los costos de estas
opciones. Un mundo en donde el fenómeno problemático de la droga atraviesa
todos los sectores y estratos socioeconómicos, afectando a niños y jóvenes en
poblaciones, pero también a aquellos que habitan en ambientes
privilegiados.    

Hoy un doloroso suicidio hace que el consumo de drogas
adolescente, hecho que muchos prefieren mantener en el silencio y la ignorancia
de lo que no se dice, se nos haga urgentemente visible. Pero no solo en su
actualidad, sino como parte de un sistema de relaciones, en una cadena de
dolorosas causas y peligrosas consecuencias. Muchos de estos consumos
problemáticos suelen estar acompañados de soledad, incomprensión e indiferencia,
no sólo por ocurrir en una etapa vital de por sí crítica, la adolescencia, sino
por el devenir en que se ha encauzado nuestra sociedad, cada vez más
individualista, habitando la virtualidad y dejando deshabitado el mundo de las
relaciones presenciales, de los afectos y la compañía real y corporal. Hechos
como este nos deben remover de tal modo que nos hagan salir de la indiferencia,
que nos hagan reinstalarnos en nuestra humanidad y en el amor como base de
nuestras relaciones. Reavivemos el impulso de confiar y buscar apoyo,
fortalezcamos los vínculos, hagamos comunidad con nuestros pares, con nuestros
cursos, con el colegio completo. Y, fundamentalmente, recordemos, volvamos a
pasar por el corazón que el amor, la comprensión, la compasión, el cuidado y la
guía hacia nuestros hijos o hijas no deben estar supeditadas o condicionadas a
si tengo o no tiempo, a si me perturba o no lo que estoy viendo.

Como Colegio Altamira, estamos y estaremos acompañando estos
procesos, ya sea desde las constantes y periódicas intervenciones que hacemos
para abordar este fenómeno social, o nuestros protocolos específicos (que
podrán encontrar en nuestra página web). Sin embargo, lo que es más importante
para nosotros y nosotras es que cualquier situación humana que atraviesen
nuestros niños, niñas y jóvenes siempre será abordada desde el cuidado, la
comprensión, la convicción de que todos y todas pueden aprender de sus errores,
y la compañía sin condiciones, por dolorosas que sean las definiciones que haya
que tomar.

Afectuosamente,

María Verónica Vergara Orellana

Directora

Colegio Altamira