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Historia

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El ALTAMIRA

El colegio -tal como lo conocemos actualmente- con su proyecto educativo de innovación, valor del pluralismo y que reconoce al aprendizaje como protagonista y posibilidad para todos, fue concebido por el PhD Fernando Flores reconfigurando una iniciativa escolar acogedora que había dado sus primeros pasos en Ñuñoa. Con la cordillera como tutelar del Altamira, en su inauguración le acompañaron los buenos deseos de estudiantes, profesores, apoderados, filósofos, ex presidentes de Chile y España.

Así se construyó el edificio característico que diseñó el connotado arquitecto Matías Klotz y llegaron mil estudiantes de más de 130 colegios diferentes, cada uno con sus propias características. De este periodo, se aprendió la capacidad de dialogar, valorar, vivir y querer la diversidad.

Consolidación

Nos han acompañado en la dirección del colegio: Jaime Valdés con el sello de desarrollar habilidades y sensibilidades en estudiantes que conecten con su ser, desde una mirada integral reconociendo su dimensión intelectual, emocional, artística, corporal, social, intuitiva y amorosa. Camilo Herrera quien focalizó el propósito de la educación en el cuidado de la vida en todos sus ámbitos (humano, social, medioambiental) e inició el proceso de incorporación de tecnología e hitos que marcan la trayectoria del estudiante. Verónica Vergara, hacia la consolidación de una comunidad educativa que valora la diversidad. Y actualmente, Pedro Rosas quien ha trenzado este proyecto educativo en torno a la excelencia académica, la educación emocional, la innovación e inclusión, con la presencia del PhD Fernando Flores como mentor de una nueva relación con las familias y docentes. 

 

precedentes

A inicios de los 80, dos profesoras, Gloria Cordal y Agatha Gambardella, comenzaron un espacio de acogida para aquellos que no encontraban cabida en el sistema educacional. Funcionaban en una casa en Ñuñoa, junto al jardín infantil Sumalao para niños con necesidades especiales quienes no tenían un lugar de formación escolar. Por tanto, con la voluntad de los profesores, decidieron ir incorporándolos al colegio y así fueron una experiencia de integración pionera en nuestro país.

Un sello que el Altamira mantiene y promueve.