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Álbum de fotos: https://flic.kr/s/aHBqjA7vLc

El año pasado nos preguntábamos por el Chile que soñamos y respondíamos junto a los territorios y seres vivos con los que compartimos, este año nos preguntamos qué nos hace chilenos, qué nos hace encontrarnos y valorar nuestras diferencias.

La pregunta comienza desde una pareja, Florencia y Patricio. Florencia es una chilena que viaja al extranjero y conoce a Patricio, hijo de chilenos que viven Australia, pero que nunca ha estado en Chile. No sabe realmente si es chileno.

Cada comunidad les va contando, dónde confluimos. Desde distintos lugares, creencias, biografías y geografías nos encontramos en la cultura popular. Exploramos respuestas que hablan no de una identidad sino de pluralidades, identidades o chilenidades en aprendizaje y construcción permanente.

Los cuadros de cada comunidad relatan Qué es ser chileno a través de acciones:

  • Karu, playgroup a kinder, al cocinar desde los ingredientes, la cocina y el asado.
  • Wangulen, primeros y segundos básicos, las ferias y sus pregoneros, los vendedores ambulantes y los grupos que cantan en el transporte.
  • Yakana, a la hora de la once, las teleseries y los relatos del país se toman el escenario con Pampa ilusión que nos lleva al tiempo del salitre, Iorana y las prácticas de turistas que visitan Rapa Nui y sus leyendas, La Fiera con las leyendas chilotas desde el trauco al Caleuche.
  • Alquimistas, los clásicos del deporte, los históricos del deporte y el juego en las plazas.
  • Yantra,  nos invita a recorrer Chile relevando los grandes trayectos en el norte, los ascensores de Valparaíso, el tráfico de Santiago, el tren al sur, las balsas y las distancias que recorren los estudiantes en el sur para llegar a su escuela.
  • Jacarandá, trae la solidaridad, desde el terremoto y la minga con clásicos de Radio Cooperativa.
  • Kloketén, nos habla del encuentro al reunirnos de distintas maneras, en casas para celebrar y en las calles.

“Una chilenidad chorreada en almíbar de abejas, que se etiqueta como ‘dulce patria’ o mermelada nacional. Como ese algodón de azúcar que los niños comen en el Parque O’Higgins, que se pega a los dedos y la cara con la tierra suelta de zapateo milico de la parada. O el sudor de la gorda que aliña el pino de las empanadas con la charcha suelta del antebrazo, mientras limpia los mocos de la guagua que se raja llorando al compás de la huifa y la payasá. Más bien del merengue y la salsa que reemplazaron el aburrido baile nacional, que no es un baile sino una matemática coreográfica para la televisión. Una aeróbica encuecada que multiplica en rodeos y acosos el gesto macho de la dominancia sobre la mujer”. Chile mar y cueca (o “arréglate, Juana Rosa”) Pedro Lemebel