Nuestra querida Aula de Apoyo al Aprendizaje
cuenta con más de 15 profesionales -entre psicólogas, educadoras diferenciales,
fonoaudiólogas y terapeutas ocupacionales- que todos los días realizan diversos talleres para
todos los niños y niñas que lo necesitan en el en el colegio.

¿El objetivo? Que logren ser lo más
autónomos posibles en el aula, pero también en la vida. Para que nos cuenten
más sobre  su interesante  trabajo con nuestras niñas y niños quisimos
conversar con Andrea Villegas, que desarrolla
el Taller Multisensorial, Taller de Juegos y el Taller de juegos y habilidades
motrices en el Primer Ciclo, además de estar a cargo del Taller de Cocina
Funcional, de Experiencia Laboral y de  Panadería en el Segundo Ciclo, y conCecilia Gschwender, que desarrolla los Talleres de
habilidades sociales.

El sello del Altamira: 

Mirar a cada niño o niña como un ser individual



“El
objetivo del Aula de Apoyo  es brindarle
todas las herramientas al niño o joven para que se incorpore al aula regular”, destaca
entusiasta Andrea Villegas, Terapeuta Ocupacional, que realiza  diferentes talleres  grupales en el colegio, desde Play Group  a IV Medio.

“Nuestro
foco es desarrollar las habilidades de los chicos, especialmente en aquellos
que tienen algunas dificultades, de manera de que puedan integrase lo mejor
posible a la sociedad y a la vida”, coincide la psicóloga Cecilia Gschwender.

“El gran
sello del Altamira es mirar a cada niño o niña como un ser individual. Nosotros
trabajamos con objetivos personalizados, con una flexibilidad en cuanto a las normas,
de acuerdo a la realidad de cada niño o niña. Nuestro objetivo es que sean uno/a
más dentro de la sala; que ejecuten lo mismo que sus compañeros y compañeras,
con adecuaciones a sus habilidades y competencias” afirma Andrea.  

“Trabajar
con  ellos es lo más fascinante que hay.
Cuando uno los ve llegar, ve que tienen tantas dificultades, y uno poco a poco observa
cómo van floreciendo. Uno compara cómo empiezan y de qué manera terminan: Integrados,
con una serie de capacidades, contentos, con proyectos de vida, la verdad es muy  gratificante”, añade Cecilia.

La gran diferencia
Entre un proyecto de Integración y uno de Inclusión  

La gran diferencia con otros colegios
es que estos cuentan con proyectos de Integración, en donde es el niño el que
tiene que adecuarse al colegio.  En el
Altamira, en cambio, se desarrolla  un
proyecto de Inclusión que cuenta con un equipo multidisciplinario de
profesionales que apoyan en forma sostenida al chiquillo para incorporarse al
ámbito escolar. “Nosotros recibimos al niño o niña y,  de acuerdo a sus gustos, sus habilidades y
destrezas, lo incorporamos a los diferentes talleres que desarrollamos en el
colegio. Además, trabajamos fuertemente con las familias”, señala Andrea.

Todas las atenciones que se realizan
en el colegio son actividades grupales, pero el foco siempre es desarrollar las
habilidades de cada niño y niña en forma personalizada. “Es así como con cada uno/una
tenemos objetivos específicos que desarrollar”, explica. 

“La idea es que ellos y ellas puedan
integrar estos aprendizajes y luego aplicarlos en su propio curso de  forma autónoma”, agrega Andrea.


Lo gratificante: 

El cariño de [email protected] niñ@s 

Es muy gratificante para todo el equipo del Aula ver cómo llegan los
chicos y de qué manera se van. “La evolución es impresionante. Chicos que vienen
con muchas dificultades y uno los ve cómo
egresan grandes, maduros, con su grupo de amigos, con proyectos de vida”. Es
una labor muy rica, añade Cecilia.

“Yo no sé si en otros colegios se desarrollan  estos talleres. Mi impresión es que no.  En general en los colegios no se intencionan
estos aprendizajes que son básicos para la vida. Aquí hay un trabajo muy
personalizado.  Pese a que somos un
colegio grande, miramos al chico de manera individual e intencionamos los
aprendizajes que él o ella necesitan. Siempre estamos mirando su estado emocional,
cómo se sienten”, explica Cecilia.  

“La gran mayoría de los niños que han
egresado del Aula de Apoyo se han incorporado a la Educación Superior en
diplomados  que se realizan en algunas
universidades,  como la Universidad Central
y de la Universidad Andrés Bello. También hay jóvenes  que están en Fundaciones, talleres de Teatro
y también hay varios que ya están trabajando”, añade Andrea.

“Lo gratificante es el grupo humano
que hay en el Altamira y también el cariño de los niños y la familia. Eso es lo
que nos mueve”, cuenta Andrea. “Ahí uno se da cuenta que, con un granito de
arena,  puede ayudar a que el proceso de
los chiquillos y chiquillas sea realmente inclusivo y que, además, puedan
desplegar sus talentos. Aquí las etiquetas no existen, un niñ@ siempre en el Altamira
es un niñ@”, agrega.